La Lanzadera VIP de los GOYAS. Lo que pasó antes de la alfombra roja…

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Antes de llegar a la Alfombra Roja, los nominados y entregadores pasaron por la exclusiva prefiesta en la Lanzadera, el lugar donde todos se reúnen a la espera de que les vayan chutando para la gala.

En un ambiente distendido, divertido y ajeno aún a las tensiones de la ceremonia, los actores desplegaron su lado más gamberro en el fotomatón creado por el prestigioso fotógrafo Rankin para Johnnie Walker Gold Label Reserve, y que desde el pasado mes de agosto ha estado presente en los eventos clave más importantes y glamurosos de Europa, para retratar y celebrar junto a los premiados y nominados su gran momento de gloria.

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Y sí, resulta que los muchachotes que recibieron en la puerta a todos los invitados, eran parte de la acción de los del whisky Johnnie Walker, que dieron vida a sus “caminantes” para darles la manita a las estrellas y ayudarles a que NO tropezaran…pero ni por esas, Dafne Fernández casi se esmorró.

Penélope y los Caminantes de Johniie Walker Gold 1

 

‘Jersey Boys’ (**)

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El término “obra menor” se emplea cuando se quiere ser indulgente con el trabajo, no tan brillante como sería de esperar, que viene firmado por un gran maestro. No debe entenderse siempre como algo despectivo, puesto que “menores” fueron consideradas en su día ‘Jo, qué noche’ de Scorsese, ‘Peggy Sue se casó’ de Coppola o ‘La Terminal’ de Spielberg , títulos magníficos que darían gloria a la carrera de cualquier cineasta, pero que viniendo de las manos de quien venían, se consideraron (injustamente) poca cosa. En el caso que ahora nos ocupa, resulta bastante más “menor” de lo deseable. De Clint Eastwood debemos esperar siempre lo mejor, alguien que ha parido obras maestras tan rotundas como ‘Sin perdón’, ‘Un mundo perfecto’ y ‘Los puentes de Madison’, y joyas del calibre de ‘El jinete pálido’, ‘Bird’, ‘Mystic River’, ‘Million Dollar Baby’ o  ‘Cartas desde Iwo Jima’ no necesita demostrar nada más, suficiente que siga haciendo pelis con asiduidad a los 84 años.

Bien es cierto, que últimamente no ha andado muy afinado, quizá por cansancio, pereza, o porque eran trabajos que le cayeron de rebote, ni ‘El intercambio’, ni ‘Invictus’ ni ‘J. Edgar’ dieron lo que esperaba de ellas. Fueron, como lo es ‘Jersey Boys’ trabajos correctos, formalmente competentes y dignos, pero planos.  Extrañarse de que Eastwood se atreva con la adaptación de un musical es conocer poco su carrera, ha sido siempre un melómano empedernido, un fanático del jazz y el country, además de muy buen músico (ha firmado las bandas sonoras de varias de sus películas), y en su filmografía, además de ‘La leyenda de la ciudad sin nombre’ (donde incluso cantaba), figuran filmes como ‘Bronco Billy’ o ‘Bird’ centrados en la figura de músicos. A ‘Jersey Boys’ llegó después de haber intentado poner en pie una nueva versión de ‘Ha nacido una estrella’ con Beyoncé como productora y protagonista, puede decirse que la Warner, ese gran estudio que presume de tenerle en cartera desde hace casi 40 años porque rueda rápido, barato y no da problemas, estaba empeñada en que dirigiese un musical y este fue el que encontró más a mano. La duda está en si el viejo vaquero se lo ha currado de verdad, o simplemente ha cumplido la papeleta como mero trámite. Si se trata de un mero trámite hasta que le caiga algo mejor, lo resuelve con solvencia y consigue que sus, largas, 2 horas y pico se hagan fluidas y entretenidas; de ser un trabajo más personal, puede considerarse un pinchazo. La habitual sencillez, desprovista de artificios o adornos, con que rueda Eastwood raya aquí en la simplicidad. No es lo mismo ser austero que soso. El género de las historias de ascenso y caída han conocido ya muchos y míticos referentes, y esta nos suena a ya vista, se queda desvaída, sobre todo en una primera hora (la que narra la llegada a la gloria) carente de pasión y chispa. La segunda hora, la que se adentra en los conflictos personales entre los miembros del grupo recupera parte del buen pulso del director, que a ratos parece que esté homenajeando a su amigo Scorsese, pero nunca consigue elevar el vuelo más allá de una correcta narrativa de biopic. Quizá el error haya sido ese, el de acercarse a la historia desde la perspectiva de un biopic (biografía cinematográfica) serio y formal, y no como un vistoso musical. ¿Por qué esa magnífica e inconexa secuencia final de títulos de crédito tiene más vida, vigor y chispa que toda la película entera? ¿Por qué no le ha dado ese tono de auténtico musical festivo a todo el filme?.

Con todo, y volviendo a lo de “obra menor”, los trabajos descafeinados de genios como Eastwood siempre serán mejores que la inmensa mayoría de títulos que nos llegan a las pantallas, pero este puñetero admirador fanático ya empieza a echar en falta la auténtica inspiración de este maestro.

Lo mejor: la fotografía del habitual Tom Stern, un par de pasajes íntimos en el tramo final y la siempre agradecida presencia de Christopher Walken.

Lo peor: no me produce ninguna emoción (y si algo me produce el cine de Clint son emociones).

Tráiler

 

‘The normal heart’ (***)

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¿Qué sería de la buena televisión sin la HBO? Llevan más de 20 años produciendo y emitiendo todo aquello en lo que no se atreven a entrar el resto de canales. Han creado escuela y ayudado, con series ya míticas como ‘Los Sopranos’, ‘Sexo en Nueva York’, ‘True Blood’ o ‘Juegos de Tronos’, a disparar la asombrosa calidad de la oferta televisiva que a día de hoy supera con creces a la del cine. HBO se ha lanzado además a la producción de arriesgadas tvmovies que no encontraban financiación para ser llevadas al cine, convirtiendo su sello en una garantía de calidad e independencia. Un buen ejemplo es la recién estrenada en mayo ‘The normal heart’, adaptación de una pieza teatral de Larry Kramer, que ha puesto en pie uno de los mejores y más poderosos reyes de la tele, Ryan Murphy, creador y responsable de series tan magníficas como ‘Nip/tuck’, ‘Glee’ y ‘American Horror Story’.

Que haya que ser gay para poder contar bien una historia sobre homosexualidad y SIDA no tiene porque ser condición imprescindible, pero es bien cierto que ayuda. No hay que ser un psicópata para dirigir ‘El silencio de los corderos’, ni haber currado de actor porno para saber narrar ‘Boogie nights’, pero resulta innegable que cuanto mayor es la implicación personal del director con el proyecto, mejores pueden ser los resultados (si Spielberg no fuera judío o Steve McQueen negro, sus visiones de ‘La lista de Schindler’ o ’12años de esclavitud’ probablemente no hubieran sido tan intensas). Murphy es abiertamente gay, lo mismo que los productores, el autor y medio reparto, de modo que puede que hayan vivido e interiorizado este proyecto de una manera mucho más realista y personal. Si bien ‘Philadelphia’ era la visión (espléndida) desde el punto de vista de un heterosexual, el director Jonathan Demme, ‘The normal heart’ es la visión, desde dentro del problema, de un homosexual. Esto no la hace ni mejor ni peor (hay horrorosas pelis gays dirigidas por gays) pero en este caso le aporta un añadido de profundidad y sentimiento.

La trama nos lleva a los desinhibidos comienzos de los años 80 cuando el movimiento homosexual comenzaba a vivir su primavera de libertad en ciudades como San Francisco o Nueva York, y como toda aquella frívola felicidad se tornó en tragedia con la aparición de aquel ‘cáncer gay’ al que nadie quería prestar atención. La tremenda historia real de cómo un periodista newyorkino (magníficamente interpretado por Mark Ruffalo) y su grupo de amigos lucharon lo indecible por hacer visible la epidemia, trasciendo el propio valor cinematográfico de la obra y se convierte en una dura y a ratos terrible radiografía de la estupidez e ignorancia de una sociedad que la dio la espalda a una tragedia humana por el mero hecho de estar cebándose con el colectivo que no consideraban  “respetable”. Es la crónica de los errores políticos de la legislatura Reagan, de la indecente pasividad de un gobierno, que dio paso después a la criminal lucha de egos entre médicos por ver quien era el primero en identificar el virus (eso lo muestra prodigiosamente la fabulosa ‘En el filo de la duda’ (1993) también de HBO). Y entre medias, el drama humano, las historias de amor y amistad de varios personajes que, cada uno a su modo, plantaron cara a la enfermedad para que ahora, muchos años después, otros puedan vivir.

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La especial entrega personal del equipo resulta francamente admirable en el plano interpretativo, un soberbio Ruffalo volcado al límite en su tour de forcé y sin ponerle pegas a las secuencias más íntimas, acompañado de un sensacional Matt Bomer que sacrifica toda su belleza para un papelazo que debería proporcionarle el Globo de Oro, Jim Parsons demostrando que hay vida más allá de Sheldon Cooper, y una excelente Julia Roberts bordando un secundario de lujo (ojito a su monólogo narrando cómo contrajo la polio).

Lo mejor: la propia historia, amarga, hermosa, terrible…con varios instantes escalofriantes (la muerte del novio de uno de los personajes durante un viaje en avión y lo que ello conlleva).

Lo peor: que al tratarse de una Tvmovie su difusión quede muy limitada internacionalmente.

Tráiler:

 

Link de descarga en v.o subtitulada:

http://freakshare.com/files/0yyzt769/The.N.Hrt.HDR.avi.html

 

 

‘Guardianes de la galaxia’ (**)

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Bueno, pues Marvel ya tiene nueva y reluciente franquicia para un buen porrón de años, y no parece haber importado que esta provenga de unos personajes de comic relativamente desconocidos, puesto que el tirón de la poderosa factoría sirve de suficiente reclamo. Mis peores temores, a la vista de lo poco que había intuido de la cinta, se han cumplido, lo que no me gusta de ‘Guardianes de la galaxia’ es su tono. Su estilo e intenciones se autodefinen claramente ya en sus títulos de crédito: unos espléndidos efectos visuales dan paso a una atmósfera siniestra, un personaje de aspecto verdaderamente inquietante se abre paso entre las ruinas de un planeta muerto , todo parece chulo y muy prometedor, cuando, de repente, el tipo se pone un walkman de los 80 y comienza a cantar, dar saltitos y hacer el chorra. La jodimos…. ‘Guardianes de la galaxia’, supongo que fiel al comic, no es, ni quiere ser, una peli adulta, parece fabricada por y para audiencias juveniles (yo diría incluso que infantiles), sin ninguna ambición de trascendencia ni seriedad, como por ejemplo han perseguido Superman, Batman, los X-Men o el Capitán América. Yo diría hasta que se sitúa varios escalones por debajo del target de edad de ‘Los vengadores’, ‘Thor’ o ‘IronMan’, es quizá el juguete más infantil de Marvel (la inclusión de personajes como el mapache o el árbol Groot inciden en ese aire pueril disfrazado de gamberrrismo). Es por eso, que quizá mi decepción esté motivada por no encontrarme ni por asomo entre su “público objetivo”. Será que estoy mayor para tanta chorradita y tanto abuso del chiste y la gracieta. Y se supone que el aire quiere ser cañero y superguay, muy loco, muy atrevido, pero en fin…a mi me suena pueril y forzado, y el estilo “enrrollao” del prota y el mapache (principales activos de cara al supuesto rollito megacool) me arruina gran parte del, por lado muy vistoso, resultado.

Nunca he soportado esta manía yanki del humor de coña marinera metido con calzador en el cine de acción. Ya en los 80 Bruce Willis soltaba un par de paridas en ‘Jungla de cristal’, o Mel Gibson metía alguna morcilla chistosa en ‘Arma letal’, incluso Han Solo (Star Lord quiere ser un cruce de Han + Indiana) hacia chistes, pero joder, ¡¡tenían gracia, estaban bien escritas y justificadas!! En los últimos años se ha llevado al exceso y abuso restando toda la efectividad y seriedad de las secuencias de acción (cuánto mal han hecho Robert Downey Jr y Johnny Depp!!!!). Todo enfrentamiento debe ahora rematarse con una ocurrencia cómica supuestamente tronchante…El peor ejemplo en el filme viene en la lucha final con el malvado, interrumpida (y arruinada) en todo su climax por un lamentable numerito cantarín del prota. Todo esto responde a una asimilación de la cultura popular juvenil yanki, en la que ir al cine es ir a la juerga, en la que el público ve una película contagiado de un estado de excitación que le lleva a vitorear y celebrar este tipo de coñas. La filosofía del “cine palomitas de centro comercial” llevada al paroxismo.

Salvado este, a mi modo de ver, escollo y lastre, la película ofrece un muy digno entretenimiento, un fastuoso espectáculo visual, excesivo en las formas, pero muy resultón. Se ve con agrado, aunque sin demasiado entusiasmo ni asombro. La concepción estética y visual de los malos y sus brillantes escenarios (aunque la sede de los buenos parezca la valenciana Ciudad de las Artes jajaja) son magníficos, y los efectos, como no podía ser menos, de primera.

Su supone que quiere ser la Star Wars de una nueva generación, en fin, esto ni lo comentaré…a mí se me queda en ‘Futurama’ con efectos caros.

Lo mejor: puro cine veraniego para disfrute en pantalla gigante, con buen sonido y aire acondicionado. Ni más ni menos.

Lo peor: que hayan optado por tomarse todo a pitorreo y que por tanto, desaprovechen a unos malvados que merecían ser tratados con más cuidado y seriedad.

Trailer:

 

 

Angelina, camino de ser una gran directora

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Ya conocemos el segundo tráiler de ‘Invencible (Unbroken)’, la próxima película de Angelina Jolie como directora, tras sus anteriores trabajos ‘A place in time’ y ‘En tierra de sangre y miel’. La peli parece reunir todas las papeletas para convertirse en una de las imprescindibles del año, y seguramente oscarizable. Atractivos no le faltan: un guión escrito por los Hermanos Coen, que repasa la trágica y heroica figura de Loui  Zamperini, un atleta que compitió en los Juegos Olímpicos de 1936 y luchó en la Segunda Guerra Mundial como bombardero de las Fuerzas Aéreas. Su avión colisionó en el Pacífico durante una misión de rescate y fue capturado por los japoneses tras 47 días a la deriva. Finalizada la contienda, Zamperini recuperó su libertad, aunque terminó alcoholizado y víctima de severos síndromes postraumáticos. Zamperini murió la semana pasada.

Aunque sigo opinando que hace muchos años que Angelina no ejerce de actriz, sus mediocres papeles recientes se limitan a explotar su imagen de gélida esfinge (de hecho creo que su faceta como intérprete le importa un pito), hay que admitir que sus intereses personales, políticos y humanitarios parecen estar influyendo, y de muy buena forma, en su incipiente y prometedora carrera tras las cámaras.

El film,  está protagonizada por Jack O’ Donnell como Zamperini y Garrett Hedlund,Domhall Gleeson y Alex Russell.

Estreno 25 de diciembre.

 

‘Bajo la misma estrella’ (***)

 

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Adolescente mona con cáncer terminal se enamora de adolescente divertido también con cáncer. ¿Se puede hacer comedia con semejante material? Pues parece ser que sí, y que además los hay que saben hacerlo con gracia, encanto, inteligencia y frescura, y sobre todo, sin caer nunca en las pastosidades del melodrama lacrimógeno.

Las novelitas juveniles se han convertido en un buen reclamo, ya sea a través de sagas fantásticas o best sellers románticos, para captar audiencia casi exclusivamente  femenina. Dentro de lo que Hollywood llama “cine de centro comercial”, el subgénero romanticon de amor imposible es a las féminas lo que Marvel a sus novios, pero afortunadamente no todo van a ser malas copias de la muy sobrevalorada ‘El diario de Noah’, no todo son postales de puestas de sol, besos bajo la lluvia, romances en la América profunda y adaptaciones blandengues de Nicholas Sparks, entre tanto camino trillado parece haber resquicios de originalidad cuando nos encontramos con algo como ‘Bajo la misma estrella’. Basándose en una novela de John Green, novelista y blogger, el realizador John Boone, que ya sorprendió con ‘Un invierno en la playa’, nos regala una delicada pieza de artesanía emocional, algo así como una feliz revisitación del eterno GRAN clásico de la tragicomedia cancerígena ‘La fuerza del cariño’, remezclado con los aires frescos y naturalistas del nuevo cine indie americano (véase ‘Juno’ o la fabulosa ‘300 días juntos’).

Diríase que puede ser la película clave de la generación Y.O.L.O (You Only Life Once), ese término de nuevo cuño que identifica a la juventud que quiere exprimir el hoy sin pensar en el mañana. Puede que tengas cáncer y vayas a morir, pero eso no quiere decir que no puedas disfrutar a tope la poca (o mucha) vida que te quede. Sin dramas, sin tragedias forzadas, una visión optimista y reconfortante de la enfermedad alejada del habitual tremendismo con que la sociedad afronta la inevitable cercanía de la muerte.

Aparte de apoyarse en un espléndido guión y una dinámica narrativa, el filme se beneficia de un ajustado casting del que sobresale gloriosa la brillante creación de la jovencita Shailene Woodley (heredera de la eléctrica espontaneidad de Debra Winger) y el desconocido Ansel Elgort (que también coincide con Woodley en la saga ‘Divergente’).

Lo mejor: su acertado tono festivo y despreocupado, y su sabia, correcta y bien equilibrada combinación de comedia y drama (la tragicomedia es un género muuuy complicado).

Lo peor: que el gran público la considere en España “sólo” cine para quinceañeras, cosa que no ha ocurrido en USA donde barrió en taquilla a ‘Maléfica’, ‘X-Men’, ‘Godzilla’!!!

Tráiler:

 

 

 

 

El ‘Exodo’ se acerca

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La revista Entertainment Weekly acaba de publicar a todo lujo las primeras imágenes de ‘EXODUS’, el próximo (y muy ansiado) trabajo de Ridley Scott (‘Alien’, ‘Thelma & Louise’, ‘Gladiator’ o ‘Blade Runner’) que se estrenará el próximo 12 de Diciembre. Tratar a estas alturas de vendernos una nueva versión de ‘Los Diez mandamientos’ resultaba a todas luces innecesario y altamente arriesgado. Vale que se trata de un texto universal al que todo el mundo puede meter mano (La Biblia), y vale que el género “religioso” esté viviendo un renacer (los éxitos de ‘Noé’ o ‘El cielo existe’) gracias al poderoso empuje del “cinturón bíblico” (la enoooorme zona del sureste de la América profunda que comprende más de 15 estados evangélicos), pero existen clásicos intocables, y casi 60 años después todo buen cinéfilo tiene aún grabada a sangre la magistral versión de Cecil B. DeMille con Charlton Heston.

Dejarlo en manos de Ridley es sin duda una garantía de calidad, aunque su tendencia a la megalomanía épico-histórica le haya jugado malas partidas, con ciertos altibajos, en las por otro lado magníficas ‘1942’ y ‘El reino de los cielos’. El film cuenta con Christian Bale interpretando a Moisés y narra la bien conocida historia de la liberación del pueblo judío de Egipto hacia la Tierra Prometida. Es de suponer que las nuevas tecnologías digitales nos presentaran con pasmoso lujo y asombro las siete plagas y la apertura del Mar Rojo, pero servidor sigue viendo difícil igualar los artesanales (y maravillosos) efectos de la cinta de 1956.

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El resto del reparto esta formado por Aaron Paul (Breaking Bad), Sigourney Weaver, Ben Kingsley, Joel Edgerton (Great Gatsby, Zero Dark Thirty), John Turturro y nuestra María Valverde interpretando a Séfora, le esposa de Moises.

Rodada en Almería y Fuerteventura, con más de 4000 extras lugareños, producción he dejado unos 43 millones de euros en España entre contrataciones de equipo y construcción de los monumentales decorados alzados en el desierto de Tabernas, las canteras de mármol de Macael, o en las minas de Rodalquilar.

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A la espera de más noticias o del primer tráiler, aquí os dejo una selección de las primeras fotos que han visto la luz, de las que se deja entrever que este será un Moisés algo guerrero y que Sigourney va a estar ESPECTACULAR haciendo de la faraona!!!!.

Aquí os dejo el espectacular primer teaser trailer:

El arte de ‘STAR WARS’: esto sí es un vestuario galáctico

 

Dentro de la eterna e impagable herencia que STAR WARS ha dejado a la cultura contemporánea y no solo cinematográfica, merece especial mención (y tributo) su aportación al imaginario colectivo gracias al vestuario.

Cuando en 1977 el diseñador John Mollo ideó los distintos uniformes, outfits y trapitos de ‘La guerra de las galaxias’ no podía ni imaginarse el impresionante impacto que iba a tener la película en sí, y por ende, sus creaciones. Circulan infinidad de teorías sobre a quien se deben en concreto los mayores aciertos estéticos de cada personaje. Mollo, el diseñador conceptual Ralph McQuarrie, y hasta el propio George Lucas, llevan décadas sin ponerse de acuerdo en quien de ellos tuvo mejores ideas, incluso hay un tal Andrew Ainsworth, que se atribuye la creación de los uniformes y cascos de los soldados de asalto, y que en 2011 fue llevado a juicio por LucasFilm.

El caso es que John Mollo ganó el Oscar al Mejor Diseño de Vestuario (uno de los 6 que recibió la cinta), y continuó su excepcional trabajo en ‘El imperio contraataca’, siendo sustituido para ‘El retorno del Jedi’ por la también legendaria Aggie Guerard-Rodgers.

La saga precuela iniciada en el año 2000, aún con sus más y sus muchos menos, asombró por el impresionante trabajo de la británica Trisha Biggar, una desconocida en el mundo del diseño para cine, que dejó a todos boquiabiertos, especialmente con los casi 40 vestidos creados para Padme/Amidala (frente a los 8 que Leia lució en las tres primeras entregas juntas). Muchas de las ideas para el vestuario procedían de patrones de color y diseño de países como Japón, La india, Mongolia y China pero cada vestido tenía un aspecto único. Todos fueron confeccionados y teñidos a mano. Aún nadie se explica por qué Biggar no logro ni siquiera estar nominada al Oscar por ninguna de las tres entregas.

No te pierdas este video:

 

La ceremonia de entrega de los Oscar de 1978 fue memorable por la originalidad con que por primera vez se mostraban las nominadas al Mejor Diseño de Vestuario. La Academia creó su propio desfile de moda, con conocidas actrices vistiendo los diseños de cada título candidato. Susan George apareció vestida de princesa Leia; Cyd Charisse o Eleanor Parker lucieron vestidos de ‘Dulce Viena’, ‘Julia’ o ‘Aeropuerto 77′. Otra leyenda, Natalie Wood le terminó entregando la merecida estatuilla a John Mollo. Ciertamente pocos vestuarios en la Historia del Cine han sido tan influyentes como el de la saga STAR WARS.

 

‘Dos madres perfectas’ (***)

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Aunque con cierto retraso, por fin se ha estrenado en nuestras pantallas esta atrevida y delicada “pieza de cámara” que adapta una novela de la Premio Nobel Doris Lessing.  bajo la dirección de la luxemburguesa Anne Fontaine, una directora bien curtida en íntimos relatos femeninos (‘Coco, la leyenda de Chanel’, ‘Chloe’ y ‘Natalie’). Yo, que no puedo presumir de ser la persona más liberal del mundo, siento cierta inquietud e incomodidad inicial ante este relato de amores cuasi edípicos. Dos lozanas madres, amigas desde la infancia, han criado juntas a sus respectivos vástagos, dos mozalbetes de muy buen ver que al llegar a la veintena comienzan a sentir arrebatas pulsiones sensuales por la madre del contrario. De modo, que cada madre termina liada con el hijo de la otra, en un romance imposible, complicado y hasta socialmente incomprendido, que estira con sutileza esa fina línea que existe entre lo “moralmente” aceptable y lo notablemente censurable.

Pasado ese primer juicio de valores, y obviando a ese Pepito Grillo que nos martillea la cabeza con “lo que está bien y lo que está mal”, podemos sumergirnos en un hermoso y sentido relato, tierno y delicado, que tiene como pilar esencial el descomunal despliegue interpretativo, carisma y belleza, de sus dos protagonistas, unas Noami Watts (además productora) y Robin Wright felices y orgullosas de su madurez (con arrugas y sin maquillaje). El trabajo de Fontaine es poner la cámara a su servicio, seguirlas, cuidarlas y darles cancha para su completo lucimiento. Sin ellas, su fuerza y carácter, la película se vendría abajo, aunque hay que admitir que la elegancia formal y buen gusto visual y narrativo de Fontaine resulta esencial también para no caer en el telefilm morboso y dotar de seriedad y sentimiento la trama.  Resulta además un trabajo bonito de ver, el espectador se siente acunado y reconfortado por la exquisita suavidad sus imágenes, un eterno verano de sol y playa (cómo luce un amor veraniego!!) retratado con una extraordinaria y luminosa fotografía que ensalza las virtudes paisajísticas y le saca a las actrices formidables y bellísimos primeros planos. Quizá todo responda a eso que llaman “la mirad femenina”,  a un cuidado y pausado empaquetado que se agradece en estos tiempo de furia y prisas. El cine de sentimientos sigue encontrado un hueco, aunque sea pequeñito, en nuestros corazones y carteleras.

Lo mejor: Robin Wright devorado cada plano (y a la Watts por añadidura) aún en aquellos en que ni habla. Nunca he sentido especial debilidad por esta gran actriz, pero hay que rendirse ante la evidencia de su descomunal talento, carisma y expresividad. Parece haber alcanzado esa maravillosa madurez, como actriz y mujer, que le permite expresar todo un mundo interior con la sola intensidad de su mirada y lucir sin temores las aristas y arrugas de alguien que ha vivido muuuucho.

Lo peor: el trabajo de Fontaine, aunque bueno, no consigue estar a la altura de sus actrices, lo que limita un resultado más redondo e intenso.

 

Tráiler:

 

 

 

 

‘X-MEN: Días del futuro pasado’ (***)

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Comienzo a creer que mi umbral de asombro es ya difícilmente superable, devoro cine desde mi más tierna infancia, lo devoro con pasión (e involucración) desmesurada, y cada vez me es más habitual quedarme con una molesta sensación de que lo visto, aún gustándome, no me llena, no me fascina. ¿Me habré vuelto demasiado exigente, o será que el cine actual ha perdido fuelle? Aunque me ocurre con todos los géneros, es con el de acción con el que me resulta más notable. Asisto impasible a vistosos y entretenidos espectáculos que apabullan por su técnica y parafernalia visual pero que en la mayoría de los casos me dejan frío, y es entonces cuando me vienen a la memoria veteranos como Spielberg, Richard Donner, John McTiernan o Joe Dante que me siguen haciendo gozar a lo grande cada vez que reviso sus pelis, o brillantes contemporáneos como David Fincher, Christopher Nolan o J.J. Abrams que sí consiguen hacerme pegar botes en la butaca. Toda esta introducción me sirve para tratar de expresar parte de lo que he sentido ante la muy esperada quinta entrega de ‘X.Men’. Me ha gustado, es una innegable buena película, un digno espectáculo, pero  con algunas sombras (quizá estoy muy puñetero) que me impiden darle una completa y rendida alabanza.

Hace 14 años el director Bryan Singer (al que tuve el placer de conocer muy en persona) nos presentó una primera y magnífica entrega que escondía, bajo su formato de sentido homenaje al clasicismo del ‘Superman’ de Donner, una curiosa metáfora de la discriminación homosexual. Al frente también de la secuela, Singer mejoró y redondeo el resultado imponiendo un cine de superhéroes adulto, elegante, bien escrito y aún mejor interpretado. Cuando se desentendió de la tercera entrega para irse a rodar ‘Superman returns’, los X-Men, en manos del infame Brett Rattner, se la pegaron. En 2011 la Fox quiso reiniciar la franquicia con una de esas piruetas de precuela que tanto se llevan ahora, y contra todo pronóstico, ‘X-Men; primera generación’, dirigida por Matthew Vaughn, fue una espléndida reactualización de asombroso éxito. Es entonces cuando las mentes hollywoodienses comenzaron a tramar el modo de fusionar ambas líneas narrativas para aprovechar el tirón de los actores de la primera trilogía y los nuevos aires y empuje comercial de la precuela. Singer, que venía de lastrar varios patinazos, vuelve entonces al redil para ponerse al frente del proyecto, y todos creíamos que solo él podría conducir a buen puerto un cargamento tan ambicioso.

La ocurrencia del salto en el tiempo para mezclar los personajes en dos épocas diferentes es brillante y eficaz, pero mientras que lo que transcurre en los convulsos años 70 es infinitamente más interesante, la parte del oscuro futuro (con un arranque muy poco atractivo) chirría por su estética kitsch de cartón piedra y tanto mutante carnabalero (me recuerda al espanto de ‘Mortal Kombat’). Singer y sus guionistas tiran de trama política para construir, como también ha hecho el segundo y estupendo ‘Capitan América’, un thriller de aroma setentero alejado de los habituales caminos trillados de las franquicias Marvel. Se agradece esta continuidad estilística y narrativa, si en ‘Primera generación’ los mutantes se metían por medio de la crisis de los misiles cubanos, aquí son Nixon y el Vietnam quienes hacen acto de presencia. Me fallan sin embargo los diálogos, es muy posible además que con tanto mutante los haya muy desaprovechados y puede que también me falten tensión y emociones, pero existe una coherencia, una solidez en la propuesta, un loable esfuerzo por hacer las cosas mejor y más elaboradas que la inmensa mayoría. Que me parezca mejor o peor que las dos primeras entregas (la tercera ni la tenga en cuenta) o que ‘Primera generación’ me pareciese que hilaba mucho mejor la trama política, es ya cuestión de gustos.

Lo mejor: la fascinación que nos siguen produciendo estos mutantes, sobre todo Magneto (ya sea encarnado por un formidable Michael Fassbender o por el insigne Ian McKellen); algunos sorprendentes hallazgos visuales (la secuencia a cámara superlenta del ataque al Pentágono); y los guiños a los fans con los cameos de todos los mutantes de la saga.

Lo peor: un James McAvoy que no le coge el punto y no cuaja como atormentado profesor Xavier, y una Jennifer Lawrence (Mystica) que me sigue pareciendo que no está a la altura de malicia y seducción de la Rebecca Romijn de las dos primeras entregas.